DÍA DEL MAESTRO

Sarmiento y el Día del Maestro: la escuela primaria como única posibilidad para el progreso nacional

El padre del aula fue pionero al considerar fundamental la educación de la mujer.
sábado, 11 de septiembre de 2021 · 10:08

La Argentina celebra este sábado 11 de septiembre un nuevo Día del Maestro, en agradecimiento a quienes diariamente ejercen la docencia; sin embargo, esta fecha está inevitablemente ligada a la figura de Domingo Faustino Sarmiento, considerado por la historia como “el padre del aula”.

A pesar de que su nombre es causa de discusiones acaloradas, sobre todo en lo tratante a “Civilización y barbarie”, el político, periodista, escritor y militar argentino, más que todo fue docente; por ello, este día se le homenajea como la figura más emblemática de la educación argentina, ya que dedicó su vida a promover la instrucción como única posibilidad para el progreso social y nacional.

Desde 1945, por decreto del presidente Edelmiro Farrell, se estableció esta fecha como el Día del Maestro, “una actividad fundamental para los sentimientos sociales”.

Sarmiento fue presidente de Argentina desde el 12 de octubre de 1868 hasta el 12 de octubre de 1874.

 

Educación popular, democrática y ciudadana

Domingo Faustino Sarmiento sabía que “la educación primaria civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos”, que “son las escuelas la base de la civilización”, por ello su sistema se basaba en tres principios fundamentales: la educación del pueblo, para el pueblo, por el pueblo.

Estos tres principios permitirían al país una enseñanza libre, basada en las necesidades y aptitudes sociales argentinas. Entender y, sobre todo, satisfacer estas necesidades educativas resultaba un aspecto esencial para la funcionalidad de las escuelas.

La libertad, la democracia, la mentalidad republicana eran esenciales para combatir la ignorancia, la opresión y la monarquía, entre otras formas de manipulación intelectual de los hombres que no son capaces de discernir. Por ello, su doctrina pedagógica tiene como fin la educación popular, y el Gobierno debe ser el principal interesado en formar a sus ciudadanos.

Para Sarmiento la instrucción debía ser conjugada con la pasión nacional para poder ser transmitida efectivamente.

 

La escuela debe ser laica

Sarmiento consideraba que la escuela debía ser laica, esto resultaba determinante para el desarrollo cultural, democrático y republicano, ya que sería capaz de formar personas con pensamiento crítico, no dogmático, lo que permitía evitar la manipulación ideológica de las élites o grupos de poder.

Por ello, en 1882 defendió con ferocidad sus postulados a favor de la laicidad escolar, primero durante el Congreso Pedagógico de ese año y luego en los debates que se dieron en el Parlamento para examinar si esta forma educativa era apta para el país.

Sarmiento aseguraba que “todos los problemas son problemas de la educación”, por tanto, en el sistema escolar argentino radicaría la solución a los profundos conflictos que atravesaba y atravesaría el país en su futuro.

En 2020, los docentes argentinos debieron adaptarse a las dificultades de la pandemia.

 

La mujer, una pieza fundamental en el desarrollo social de la nación    

El expresidente también sabía que la inclusión de la mujer en las funciones sociales resultaba vital para el desarrollo nacional, y en 1838 abogó por la creación de escuelas normales de maestras, que impulsó durante su presidencia. Al incorporar a la mujer en la escuela y en la sociedad, la hacía partícipe activa de las transformaciones sociales. Sarmiento sabía que la formación de la “civilización” se detendría si la educación popular no era capaz de entrar completamente en los hogares argentinos.

El legado de Sarmiento ha sido revisado y revitalizado a lo largo de la historia argentina.

 

Educación, la clave del desarrollo social

Resulta imperativo comprender que a Sarmiento le tocó vivir y servir en una época de “formación” de la República Argentina. Hasta entonces, el oscurantismo, las costumbres religiosas ligadas a la monarquía y al vasallaje eran el pan de cada día. Por esta razón, la tarea de los gobernantes era fomentar el concepto de nación, de civilización, de responsabilidad social, como una forma de combatir los vicios y la corrupción de los tiempos anteriores.

Solo a través de la educación, el “desierto”, la aridez del pensamiento y la barbarie podrían ser erradicadas finalmente y con esto surgiría el verdadero espíritu argentino, capaz de llevar a la nación a completar su obra máxima, la de crear un pueblo libre de la opresión con un objetivo futuro: la conquista de sus propias costumbres y de su tierra.

Para Sarmiento, de la “educación nacional”, como llama a la escuela primaria, depende el porvenir y la grandeza del país; en el aula se salvaguardan los valores tradicionales y se instruye a los individuos en la ciudadanía, se les enseña la moral y los buenos valores, se eleva la sociedad desde sus bases y se garantizan el futuro y la unidad nacional.