ANA FRANK

La casa de atrás: el escondite donde Ana Frank escribió su diario a 77 años de ser descubierto

La pequeña escritora y su familia permanecieron ocultos durante más de dos años.
miércoles, 4 de agosto de 2021 · 13:38

El 4 de agosto de 1944 era viernes. Ana Frank, su familia y compañeros de escondite salieron por primera vez de la estrecha sección separada de un edificio de oficinas situado en pleno centro de Ámsterdam al que cariñosamente llamaban “la casa de atrás”.

Hacía dos años y dos días que la pequeña adolescente judío-holandesa y los demás refugiados permanecían encerrados allí sin ningún tipo de contacto con el exterior, más que las ocasionales visitas de sus protectores y la posibilidad limitada de mirar por la ventana, sin asomarse de día, ni demasiado por la noche.

El sol de verano probablemente hacía clara y calurosa la mañana en la que Ana Frank, su padre Otto, su madre Edith, su hermana Margot, Fritz Pfeffer, Hermann y Auguste van Pels junto a su hijo Peter, caminaban hacia el camión militar que los trasladaría a su destino más temido.

En casa, Ana había dejado su diario, papeles donde relató su experiencia sin imaginar siquiera la magnitud de su alcance; en Kitty, como le llamaba, la pequeña adolescente escribió uno de los testimonios más cautivadores y vívidos del holocausto judío y de la Segunda Guerra Mundial.

Una réplica del diario de Ana Frank en su museo.

 

La historia de la casa que habitó Ana Frank

Casi 200 años antes de que el ejército alemán, comandado por Adolfo Hitler, invadiera los Países Bajos, en 1739, frente a uno de los canales que atraviesan la ciudad de Ámsterdam, específicamente en la calle Prinsengracht 263 se comenzó a construir una casa con fines comerciales. Al pasar  los años, el edificio fue modificado de acuerdo con las necesidades de cada propietario y negocio.

En 1940 Otto Frank alquiló la casa para su compañía Pectacon, ya que el inmueble, además de una oficina, tenía un lugar perfecto para el almacenamiento y espacios para otros departamentos administrativos. Tiempo después, surge la necesidad de extender una conexión interna entre la primera y la segunda planta del inmueble, ya que para ir de una a la otra se debía salir por la puerta de entrada.

Así nació la escalera en la pared por la que dos años después Ana Frank, sus padres y amigos subirían para ocultarse en “la casa de atrás”. Una biblioteca moderada era capaz de desdibujar el pasadizo improvisado. Solo una búsqueda exhaustiva producto de una denuncia sería capaz de encontrarla.

La casa ha sido convertida en un museo que lleva el nombre de la pequeña.

 

La casa de atrás: el lugar donde Ana Frank pudo ser

La casa de atrás o el escondite es un lugar de gran relevancia para Ana Frank. Fue allí donde escribió la mayoría de sus pensamientos e impresiones de sí misma y de la guerra. Allí, junto a su madre, su hermana y la señora van Pels supo entender - y algunas veces resistirse a - lo que significaba ser mujer.

En ese escondrijo minúsculo, erigido en los mejores años de Ámsterdam, Ana supo reconocer los síntomas del amor, los celos y el desprecio. De allí escapó en sueños muchas veces; esas paredes la protegieron del sometimiento, la humillación y el exterminio de los nazi durante años.

En la casa de atrás supo que tras la guerra todos los testimonios serían compilados, desde allí trabajó horas y días hasta perfeccionar su escritura; en ella imaginó su futuro como escritora o corresponsal de prensa. En ella temió ser descubierta y deportada a los temibles campos de la muerte. Allí amó a su padre y, pese a todo, fue feliz.

El diario original de Ana Frank en el museo que lleva su nombre.

 

La biblioteca rota, la caída del escondite y el hallazgo del diario  

Horas antes de que Ana Frank y sus compañeros de casa fueran hallados, la policía holandesa, intervenida por el ejército alemán, ingresó en el edificio de oficinas de la calle Prinsengracht 263.

A las 10 horas, Victor Kugler, comerciante y amigo de Otto, quien asumió el cargo de sus empresas y le protegió durante los años oculto, vio a un grupo de oficiales aproximarse al inmueble. Miep Gies, empleada y también protectora de los escondidos, se encontraba en la planta baja.

Entró un hombre pequeño con un revólver en la mano apuntándome.

Victor contó años después que durante el proceso se repetía a sí mismo “ojalá sea una revisión”. Nada más lejos de lo que ocurriría. El proceso se vuelve un escrutinio profundo del edificio. Piso por piso, los inspectores, abrían bolsas y movían objetos de un lugar a otro. Finalmente, pasaron frente a la estantería. El escudo de libros cayó y se descubrió el secreto. Ese día los miedos de Ana se volvieron realidad.

Más tarde, con el sol de agosto en pleno mediodía, los ocho escondidos fueron trasladados al edificio de la policía SD en la calle Euterpestraat. Allí, los protectores y sus protegidos fueron agrupados en un mismo espacio; luego, separados uno a uno para un interrogatorio profundo; entonces, los holandeses no judíos fueron liberados y los siete compañeros de escondite de Ana, y ella, fueron enviados a los campos de concentración.

Miep Gies y Bep Voskuijl, ambas protectoras de los ocho habitantes de la casa de atrás, volvieron al edificio con el fin de buscar algunos bienes personales para guardárselos a sus propietarios hasta el fin de la guerra. En el suelo vieron desperdigadas, entre otros objetos, un cúmulo de hojas.

Bep y yo subimos las escaleras, y fuimos a las habitaciones de los Frank. Allí vimos, dispersos en el suelo los papeles del diario de Ana.

De este hecho, hoy se cumplen 77 años.